Podría haberme llamado exiliado. Pero no. No es lo mismo un desertor que un exiliado.
El exilio se toma como un futuro frío, incierto, inseguro. Uno toma el exilio con miedo. Incluso con resignación. ¿Quién desea el exilio?.
Cuando uno deserta, cree seguro que le espera un futuro mejor. Quizá sea una huida. O puede que sencillamente no quiera seguir el camino que llevaba hasta entonces. Incluso, quizás, uno deserta porque cree que allá, en algún camino más lejos, encontrará su camino.
Hoy sé que soy un desertor. Siempre quise serlo. Sin embargo, no puedo evitar sentirme hoy en un exilio.
No sé de qué, ni de donde, pero hoy, esta noche, soy un desertor exiliado.